María Alcantarilla

APUNTES PARA UN SOLILOQUIO

Hablar de arte supone teorizar sobre una serie de preceptos que, para mi gusto, aún carecen de una silla fija o de una habitación propia. Quizá ahí resida parte de su carácter abarcador e indefinido, de su medula espinal zigzagueante. ¿Qué es y a qué responde? Lo vivo, que es el arte, está vivo porque no es invariable, ni en sí mismo ni en sus maneras de concebirlo o de llevarlo a la práctica. ¿Quién ha proclamado, a día de hoy, un corpus cerrado e intachable de repuestas? Es esto, sin lugar a dudas. Y, me temo, es imposible porque es en esa duda donde está la esencia. Sin la duda no existiría el conflicto que es, a mi modo de ver, el único motor y el más creíble. De mi parte, quizá me mueva con más soltura en la línea que ya trazara Burgin al afirmar que la actividad artística del adulto está hecha de la misma materia que la fantasía y tiene su equivalente infantil en el juego, entendido en toda su formalidad: el niño es serio en sus juegos y, por tanto, yo también.

Escribo y hago fotografías, en primer lugar, porque en ello encuentro el placer de sorprenderme y, en segundo lugar, porque me parece la manera más acertada de acceder a lo que Freud catalogaría como procesos primarios, es decir, el conflicto interior e inconsciente que emerge, en mi caso, a través de la premisa antes citada: el juego.

Escritora, periodista, artista audiovisual, fotógrafa… ¿En cuál de estas parcelas dirías que te desenvuelves con más soltura?

Pues, por encima de todo, me considero poeta. Comencé a escribir con apenas seis años y, desde entonces, no ha pasado un solo día en el que no recurriera a ella, a la escritura, de un modo más directo o menos. En el fondo, creo que en cualquier disciplina artística siempre podemos encontrar resortes semejantes. Sin ir más lejos, los elementos fundamentales que conforman una narración son, precisamente, la palabra y la imagen. Paul Valéry, cuando hablaba del proceso creativo de un poema, se refería a la revelación del interior de una cámara oscura hasta que logramos fijarlo en la escritura. ¿No podría decirse lo mismo de la pintura o de la fotografía?

¿Podrías citarnos un par de versos que te definan?

Claro: “No hago más que descubrirme ante los otros / para hacerme visitante de mí mismo”.

Entones, comienzas escribiendo. Pero me interesa saber, ¿cómo das el salto a la imagen?

Me acerco a la fotografía previo paso por la pintura. El trayecto podría parecer accesorio pero lo cierto es que, sin un movimiento previo, jamás avanzaríamos, aunque a veces pequemos de pesimistas. Hablamos, aunque no lo parezca, de dos tipologías icónicas semejantes en las que el nexo bascula en torno al lenguaje visual. En mi caso, el objetivo era y sigue siendo el mismo: trascender la técnica, buscar puntos de anclaje en el contexto sociocultural en el que existo. Mi carácter impaciente, a qué negarlo, también ayudó a ello: ¿cómo esperar días para ver una obra terminada cuando la fotografía me regalaba la posibilidad de probar, en ese mismo tiempo, sombras, formas y matices?

Hablas de trascender la técnica. ¿Podrías explicarnos eso un poco mejor?

No creo en lo que se aprende por obligación. Creo en lo que se vive. Uno de los fotógrafos que más admiro, Duane Michals, lo define mucho mejor que yo: “Yo amo a Balthus (comenta refiriéndose, a su vez, a otro artista). Él tenía un gran desprecio por aquellos a los que llamaba los diplomados de las escuelas de arte, supongo que, ante todo, porque la idea de que puedas ir a una escuela de arte y aprender a convertirte en un artista es ridícula. Puedes entender que un médico o un dentista vayan a la escuela para aprender su oficio, pero no un artista”.

Supongo que la técnica tiene unas implicaciones, para mí, que alejan el mensaje de la emoción que porta ese mensaje. En mis fotografías, por ejemplo, grano está muy presente. Y está presente porque me importa que el proceso comunicativo que establezco con el ojeador trascienda la composición, el encuadre, la luz, la escala. Y lo mismo con la poesía o la pintura. Erwitt, otro gran fotógrafo, lo apuntaría así: “Sólo tienes que preocuparte por lo que te rodea y preocuparte por la humanidad”.

Recientemente has publicado una antología visual de la poesía española. “La verdad y su doble”. ¿Nos podrías hablar de ese proyecto?

Como dices, “La verdad y su doble” es un intento de acercar ambas disciplinas (las letras y la fotografía). Tengo el convencimiento de que, desde niños, nos enseñan de forma muy desganada a acercarnos al mundo de la poesía. Por esa razón, me planteé la posibilidad de facilitar el tránsito, es decir, seleccionar, como he hecho, a cincuenta poetas españoles contemporáneos, (vivos y consagrados) y acompañar a uno solo de sus poemas de una reinterpretación visual. De manera que la convivencia facilitara el entendimiento. Además, junto al libro, puede visitarse una exposición en el Ecco, aquí en Cádiz, hasta finales de año. Por lo que animo a todos los lectores a ello.

Para ir terminando, ¿crees, como hace unos días afirmaba Sebastião Salgado, que la fotografía está en peligro de extinción?

Más bien creo que todo está en proceso de trasformación. Pero esto no es nuevo. Como tampoco en nuevo que al ser humano, en general, le cuesta mucho aceptar cualquier tipo de cambio. A veces solo necesitamos un poco de perspectiva histórica para entender que nada es casual y que tampoco nada es tan malo como en un primer momento parece. Las ideas siguen naciendo, las buenas personas también. ¿No es el arte, la escritura, la fotografía una forma íntima y humana de mirar el mundo, tanto exterior como interno? Decía Barthes que la sociedad siempre desconfía del sentido puro. Quiere sentido pero quiere al mismo tiempo que este sentido esté rodeado por un ruido que lo haga menos agudo. En mi caso, el ruido sería la desconfianza y, sinceramente, no creo que las ganas de compartir se extingan nunca.

NOTA BIOBIBLIOGRÁFICA

María Alcantarilla es licenciada en Periodismo, ha publicado las plaquettes de poesía Qui Scribit y 7 Naúfragos en Tierra (Dip. Huelva), el poemario El Motivo es lo de menos (Huebra), el volumen de poesía visual El agua de tu sombra (Musa a las 9), galardonado con el I Premio de Poesía Multimedia Poemad y, más recientemente, Ella: invierno (Valparaíso).

Con todo, su horizonte artístico es más vasto y ha trabajado en arte audiovisual, pintura y fotografía. Su obra ha sido expuesta en galerías de arte contemporáneo como Colorida Art Gallery (Lisboa), Antiquarium (Sevilla), Carolina Rojo (Zaragoza) o Slowtrack (Madrid), dirigida por Marta Moriarty, y ha llevado a cabo colaboraciones gráficas con editoriales y medios de comunicación como El País, Le Monde Diplomatique o El Rapto de Europa y con otros narradores españoles como Juan Bonilla.

Ha sido profesora de Lengua y Literatura y actualmente es  directora del Taller de Escritura Autobiográfica de la Universidad de Cádiz.

Más información: tallerescrituraautobiografica@gmail.com

Sobre jggranado 62 Artículos
Soy fotógrafo porque el que ve mi fotografía me lo dice. Desde entonces lo soy y lo soy porque solamente hago fotos a tiempo completo, no hago nada más.

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