Rubén Morales, Fotógrafo, docente y restaurador de fotografías históricas.

Por aquél entonces, yo me creía persona rara por seguir aun pringado con líquidos, papeles y demás artefactos de laboratorio fotográfico, pese a alternar mi fotografía con la nueva era digital. Viendo lo que me rodeaba, me sentía raro, fuera de lugar, fuera de tiempo. Buscando en internet, me di cuenta de que no era uno de los últimos, sino que había aun muchísimos fotógrafos cuyas manos olían a revelador. Encontré cufae.org, la Comunidad de Usuarios de la Fotografía Analógica en Español. Un foro que me abrió las puertas y me hizo sentir de nuevo partícipe de lo que me gustaba. Y allí estaba Rubén Morales. Con Rubén y con muchos más amigos virtuales de la fotografía analógica (Qué paradoja verdad, amigos virtuales de la fotografía analógica), mantenía charlas sobre fotografía y laboratorio fotográfico.

Pero fue en Madrid, donde lo conocí personalmente, en una exposición en la Calle Atocha en la que participaba. Desde entonces sigo sus pasos a través de la redes y hoy quiero presentaros a Rubén Morales y sus trabajos aquí, en Box Arts.

José G. Granado.

Rubén, háblanos un poco de ti. Soy conservador-restaurador de Patrimonio Histórico Cultural por la UCM especializado en patrimonio fotográfico. Llevo más de 15 años dedicado profesionalmente a la fotografía y unos 28 desde que empecé a tomar las primeras instantáneas. A parte de fotógrafo comercial, retocador y trabajos de autor, mi especialidad máxima ha sido la producción de copias para otros fotógrafos en el laboratorio tradicional, actividad que cesé en 2014 por otros compromisos laborales. La docencia ocupa un lugar importante en mi vida, así como las ganas de estar siempre aprendiendo. La música es otra de mis grandes pasiones, fui bajista durante años, actividad que tímidamente estoy volviendo a retomar.

¿Cómo influye el pensamiento de tu mundo interior en tu forma de percibir el mundo que te rodea y en el momnto y modo de hacer una fotografía? Mi mundo interior es complejo desde que era pequeño y percibo mi vida como una especie de huida por un lado y de búsqueda incesante por otro. Mi percepción de los mundos que me rodean es en cierto modo agobiante, puesto que soy una persona muy positiva en mi pequeño círculo, digamos en lo local, pero radicalmente negativista en lo global. Por esa razón mi actitud es siempre crítica hacia lo que me rodea, para bien o para mal y mi inconformismo es ya una seña de identidad. Esas características personales sin duda influyen en la fotografía. Sin embargo, la fotografía ha sido para mí en un 95% encargos o trabajos artístico-comerciales, por lo que esa parte crítica de mí que podría aportar algo, era mejor dejarla de lado de cara a un cliente. Por el contrario en mi trabajo personal he volcado con mayor o menor fortuna mi visión del mundo: la soledad, la incomprensión, el paso fugaz por la vida, los rastros, los recuerdos… Por poner un ejemplo, cuando empecé a hacer la serie de El Cazador del Silencio, no me interesaban para nada las ruinas, sino el haberme imaginado tantas veces mi casa abandonada, con todas mis cosas dentro sin que nadie las hubiese reclamado, y algún curioso indagando en ellas y elucubrando cómo sería la vida de un desconocido a través de los objetos que allí quedaban. Por eso nunca busqué ruinas, sino ausencias. Y sigo haciéndolo.

¿Cómo te concentras para llegar a percibir los detalles que deseas fotografiar? Miro, pienso, vuelvo a mirar, pienso, encuadro con mis manos, pienso, coloco la cámara… Sobre todo pensar porque el mecanismo fotográfico en si es tan sencillo, que una vez lo automatizas ni siquiera reparas en ello. Voy haciendo las tareas mecánicas mientras pienso, imagino, previsualizo y disfruto el momento. Otras veces no hay tiempo para tanta recreación por cuestiones prácticas, pero es obligatorio para mí no dejar nunca de imaginarme sacando la futura copia de la cubeta.

Hay una diferencia considerable entre la fotografía documental, la artística y la histórica. Sin embargo, parece que no dejas de lado ninguna de las tres áreas. Dado que tus fotografías son generalmente humanas y aparecen publicadas y expuestas en galerías de arte. ¿Crees, entonces, que en tu trabajo se mezclan y desparecen estas diferencias entre estilos fotográficos o en realidad están relacionadas entre sí? La realidad es que yo llegué a la fotografía para ganarme la vida y he hecho de todo en este mundillo. Me di cuenta de que el estilo no me lo marcaba la temática, sino como yo me empleaba en la consecución de esa fotografía. Al final te reconoces y te reconocen encuadrando de una determinada manera, usando cierto tipo de cámaras y objetivos y en la calidad de tus copias. Soy tan anárquico que la mera definición de un estilo es suficiente para no tenerlo en cuenta. ¿La serie de Retratos de una Revolución Pendiente es retrato? Pues igual sí, ya que hasta el título lo indica. Sin embargo para mí, es un trabajo casi topográfico, por llamarlo de alguna manera, en el que las caras de la gente a la que fotografié, sus gestos, sus miradas, sus posturas, me van contando a través de la memoria donde estuve, que experiencias viví, de que hablamos… El retrato como estilo en esa serie es lo de menos.

La tecnología es volátil y a través de tu trabajo muestras inclinación por aquello que no cambia en el ser humano y en tu técnica. ¿Cómo es que entiendes la tensión entre “lo que permanece” y “lo que cambia” dentro de tus fotografías? Hoy en día parece que todo cambia tan rápido que la simple aceptación del hecho genera una ansiedad tremenda. He procurado estar a la última siempre, a excepción de los “avances” que considero imbecilidades o simples emulaciones que no aportan nada, salvo el acceso de la mediocridad a un determinado campo. Pero me considero tranquilo y sobre todo resistente a ciertos cambios. Cuando te resistes a pasar por el aro, sobre todo tecnológico, se genera una sensación de obsolescencia personal propia y ajena, que parece aislarte del resto. Cuando pasa un tiempo, a aquel amigo que todavía tiene un teléfono Nokia antiguo, al que abroncabas por no tener whatsapp, le sigues viendo, tomando cervezas con él y teniendo unas conversaciones interesantísimas. Al final ese señor, que no ha sentido la necesidad que hemos sentido el resto de estar comunicado en todo momento, lo único que se ha perdido en su vida ha sido ver a un africano con un pene descomunal a todas horas.

En la fotografía pasa lo mismo. Recuerdo como sentó en mi círculo profesional la decisión de dedicarme al laboratorio en blanco y negro cuando había sido uno de los pioneros en el retoque digital y me ganaba la vida gracias a ello. Era como un suicidio profesional. Sin embargo, como todo fluye y todo permanece, no pasó nada, salvo que hice lo que me dio la gana y seguí dedicado a la fotografía. Y a día de hoy hay mucha gente que ve aquello como una hazaña, y a mí me parece que fue una decisión para no aceptar ciertas imposiciones que parecían indiscutibles.

Indudablemente esa actitud queda reflejada en mis fotografías: cambian las estaciones, se caen las hojas y vuelven a salir, pero el tronco permanece dentro de una escala temporal determinada. Si la ampliamos, muere el árbol, nace otro: permanece la especie.

La curiosidad es un elemento crucial para hacer que la cámara fluya. ¿Es ésta la condición necesaria para descubrir la esencia de las personas y elementos que fotografías? ¿Es necesario tener una conexión afable con ellas o prefieres la distancia e introspección? Indudablemente. Por desgracia una fotografía es una simple representación plástica de un momento determinado que no incluye sonidos, ni diálogos, ni olores, ni escalofríos. Ya no es una cuestión de indagar, sino de conectar y ser respetuoso. Hay personas a las que les incomoda que un desconocido les pregunte por su vida, y otras que no te dejarían irte en dos días para poder contártelo todo. Creo en que hay que generar un interés mutuo, para que haya un equilibrio, cosa que yendo con una cámara de placas no es demasiado difícil.

¿De qué forma afecta el paso del tiempo en la manera en la que aprecias tus propias fotografías? ¿Influye el tiempo también en cómo las apreciamos los demás ? Me gusta observarlas y recordar el momento. Puedo hacer apreciaciones técnicas pero las considero como un cuaderno de ejercicios. Las hice por algo y ese simple hecho es importantísimo. Igual hoy las habría positivado de otra manera, algo que es posible, pero no pienso en haberlas fotografiado de otra manera, ya que no puedo volver a ese momento pasado. Respecto a la percepción de los demás no tengo ni idea, supongo que influirá. Pero lo cierto, es que mi último trabajo 15/16/… que he presentado este año en RevelaT ha generado opiniones de todo tipo. Unos decían que suponía un avance exponencial como autor y comunicador, y otros, que donde esté El Cazador del Silencio que se quite lo demás. En ambas opiniones hay una influencia comparativa con mi trabajo del pasado.

¿Por qué tu apuestas fuerte por fotografía argéntica en la era digital? La fotografía tradicional me fascina. Uso diariamente la captura digital para mis trabajos como conservador-restaurador. Para documentar, la fotografía digital es una bendición por su rapidez, fidelidad, calidad y facilidad. Sumado a los programas informáticos de edición, las ventajas de esta tecnología son innegables.

La fotografía tradicional, término que engloba tantos procesos que me da vértigo utilizar, es para mí un paso más allá pese a la contradicción temporal. Requiere una serie de conocimientos y planteamientos prácticos que me hacen sentir mucho más mi papel en la consecución de una fotografía. Las sensaciones en el cuarto oscuro cuando lo dominas y estás seguro de que no se te va a escapar ni un solo negativo por difícil que éste sea, son indescriptibles. Para ello se necesita una formación muy completa y disciplinada. Es un trabajo duro, a veces de una intensidad bárbara y que no requiere a nadie más que a ti y tu interpretación de lo que allí se cuece: solo ante el peligro. En realidad conseguir una fotografía es una aventura llena de incógnitas donde tu conocimiento, tus decisiones y estrategias te llevarán a ella. La fotografía digital ha quitado parte de esas incógnitas, lo cual para algunos trabajos viene fenomenal y a otros les aniquila esa sensación de aventura y superación. Evidentemente quien no haya dominado el laboratorio fotográfico no sabrá nunca de que hablo. La ventaja de ser un fotógrafo tecnológicamente híbrido desde el inicio de la fotografía digital me coloca en una posición desde la que poder hablar con conocimiento de causa.

Respecto a la formación, háblanos de tu relación con ella ¿Por qué te implicas tanto como docente? Por un lado es mi vocación. No hay nada con lo que disfrute más que enseñando lo que sé, a la vez que aprendo mientras enseño para seguir enseñando. En un principio, allá por el 2004 dando clases de Photoshop en una escuela de Madrid, no me lo creía demasiado, pero los alumnos quedaban muy satisfechos y siempre valoraron muy positivamente mis clases. Poco a poco fui entendiendo que podía trasmitir con facilidad conceptos a priori complejos y que cada vez tenía más alumnos. Hoy en día, el poco tiempo disponible lo invierto en montar talleres de fin de semana o tutorías de positivado en el laboratorio SlowPhoto donde comparto espacio con otros especialistas en técnicas tradicionales.

Por otro lado, lo considero una obligación acuciada por la deriva que ha tomado la formación fotográfica en nuestro país. El hecho de que haya hordas interesadas en que un famoso les venda un libro a través de un supuesto taller o charla, no significa que no exista un número creciente de personas que lo que quieren aprender es fotografía sin más, y de la manera más completa posible. Y ese aniquilamiento de las sensaciones del que hablo en la anterior pregunta, es lo que hace que mucha gente desee volver, aunque solo sea por probar, al cuarto oscuro.

¿Crees que todos los fotógrafos deberíamos tener, aunque sean nociones básicas, formación en procesos fotográficos químicos? Pienso que todos los fotógrafos que quieran disfrutar de lo que están haciendo deberían aprender fotografía sin más. Yo me eduqué en pequeñas escuelas de fotografía, pero sobre todo trabajando de ayudante para diversos fotógrafos. Eso me empujó a aprender por mi cuenta y hacer mi carrera, pero con una base ya muy sólida y profesional. Es alarmante el nivel tan bajo de ciertos “profesionales”, y es algo que estoy sufriendo últimamente por cuestiones laborales. Evidentemente una sola clase de formación en el laboratorio enseña en edición más que 10 clases de Photoshop. Desaparecen los prejuicios, los misterios y dota de un conocimiento más completo para aplicar a tu forma de trabajo. Incluso es culturilla general para poder hablar con la gente. Pero insisto, lo importante es aprender fotografía pese a que la tecnología haya suplido la necesidad de aprenderla. Solo por disfrutarla, por sentirla y por vivirla más intensamente; por saber que de esa imagen, algo más que el encuadre te pertenece a ti.

¿Cuáles son tus proyectos a corto y medio plazo? A corto plazo finalizar el Máster de Preservación de Patrimonio Audiovisual con la defensa de mi TFM que está dedicado a un tema muy controvertido históricamente en la fotografía y que pretende a través de una investigación minuciosa, arrojar nuevos datos. Acto seguido comenzar el doctorado.

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